Aún no entiendo porque sueño contigo,
si tu mundo ya no es mío
ya todos tus besos son compartidos
y ni siquiera te importa si yo vivo.
ya todos tus besos son compartidos
y ni siquiera te importa si yo vivo.
Lizeth
Capristán S.
Aún recuerdo la
mañana
que selló nuestros
destinos,
estábamos allí, entre
tanta gente
en el salón donde
separan los caminos,
encrucijada fatal de
pecadores,
donde dividen a mitad
lo antes vivido.
Mi corazón latía, tu
corazón latía,
era el final de
tantos miedos,
ambos lo sabíamos:
¡habíamos perdido!.
Vestida tú de negro y
blanco,
medio luto y corazón
constreñido,
Vistiendo yo de gris
y negro, oscuras sombras,
oscuros los recuerdos
del olvido.
Me volví de espaldas
al oír tu nombre,
estabas tan bella,
yo, estaba sumido en
la terrible pena del recuerdo,
rememorando lo que un
día fue,
con la tristeza y
nostalgia de haberlo vivido.
Te volteaste al verme
y no te quise ver,
dijeron mi nombre mas
no era conmigo,
te nombraron a ti,
ya… sin mi apellido
Cuando ambos firmamos
exhalé un gemido,
rompimos cadenas de
oro corroído,
ya no tengas miedo que
por miedo hemos perdido.
Por miedo perdí lo
que había querido,
por miedo perdí la
esposa,
los hijos, el hogar y
el sentido.
Tú también perdiste
pero ya no temas,
quedan los recuerdos,
queda lo divino.
queda la esperanza de
cruzar el río,
buscar tu verdad,
sin que estés
conmigo.
No nos robarán esto
que vivimos,
No lo robarán
porque
ya lo hemos perdido.
Autor: Manuel Bastidas Mora/Venezuela
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