10/13/2016

Fue un gran amor, quizás




El tiempo no se detenía,
la ausencia no dolía,
solos tu y yo
riendo a carcajadas
con risas que no se escuchaban...
Isela Escarcega


Fue un gran amor, quizá,
pero se fue,
como ha de irse la vida,
la vida de quienes han amado,
de quienes han sabido traspasar los límites etéreos
la vida…
de quienes han amado como amamos tú y yo.


El amor,
¿Qué es el amor?,
es solo es un instante magnífico en una vida,
magnánimo instante como la vida,
porque la vida es el soplo vital de un instante,
es esa parte animada de un objeto inanimado, inerte, adverso,
que yace en el espacio,
que confluye con Dios solo minutos,
que parecen años, que parecen siglos
pero son minutos, pocos, cortos.

Fue un gran amor, quizás,
un amor que marcó cada instante,
ahora yace en el espacio, espera, inerte,
ha que los siglos pasen
y nazca un nuevo gran amor
en dos nuevos corazones envejecidos del amor de siglos.

Nos amamos muchos años,
pero te recordaría
aún si nuestro amor hubiese durado un instante,
porque nuestro amor va más allá…
de ésta vida,
de las vidas pasadas,
de las vidas por venir,
infinito amor,
infinito.



Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


10/12/2016

Mi sombra (glosa)

El día 16 de Enero de 1897 nació el poeta mexicano de más amplio registro
 y mayor intensidad de la primera mitad del siglo XX.



¿Cuál de todas las sombras es la mía?
A todo cuerpo viene la belleza
y anticipa en los aires la proeza
de ser sin el poema poesía.
CARLOS PELLICER


He de seguir la sombra en que corría
por el desierto oscuro de tus besos,
he de buscar caminos que algún día
respondan al suplicio de mis sesos:
¿Cuál de todas las sombras es la mía?

No envuelvas la respuesta en sutileza,
prefiero la verdad cual descarnada,
que si en el cuerpo gris de una tristeza
pincelas con colores de alborada,
a todo cuerpo viene la belleza.

Empero la desgracia se regresa
y oculta entre espirales de un bocel
profana de mi sombra su grandeza,
se apoya en falsas jalmas el dintel
y anticipa en los aires la proeza.

Proeza que es en vano una falsía
como lo abyecto del camarachón,
que guarda en sombras trastes de herejía,
sin conocer que no hay una razón
de ser sin el poema poesía.

   

                                                                                                           Autor: Manuel BastidasMora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


 

Yo y mi adorada sirena (Glosa)



¡Bien me acuerdo! ¡Hace diez años
y era una tarde serena!

¡Yo era joven y entusiasta;
pura, hermosa y virgen ella!
Estábamos en un bosque,
sentados sobre una piedra,
mirando, a orillas de un río,
como temblaban las hierbas.
JUAN CLEMENTE ZENEA



Recuerdo de mi niñez,
primer amor que encadena,
primer amor puro y limpio,
¡Yo y mi adorada sirena!
¡Bien me acuerdo! ¡Hace diez años
y era una tarde serena!

Tejimos dos corazones
con hojuelas de Barcella,
y al despuntar el ocaso
parió la luna más bella,
¡Yo era joven y entusiasta;
pura, hermosa y virgen ella!

Con un Bayam por cobijo
y grillos tocando cedra,
¡Hice de sus pechos muros!
¡Hizo de mis manos hiedra!
estábamos en un bosque,
sentados sobre una piedra.

!Que bella que fue la tarde!
Viendo retozar las ciervas,
mientras que sus cervatillos
se acercaban sin reservas,
mirando, a orillas de un río,
como temblaban las hierbas.




Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


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10/11/2016

Buen esposo y buena cena (soneto)



La Mantis Religiosa ha enviudado
y culpa en falsos llantos a la luna,
mientras su paladar probó fortuna
en carnes del esposo enamorado.

Estoico devenir que le ha tocado,
(quizás por el impulso de la hambruna)
probar en la virilidad machuna
del padre de sus hijos “un bocado”.

Un devenir peor le espera al macho
que entre las fauces de la hambrienta esposa
su ser libidinoso le condena.

Hervido ya su cuerpo en el cenacho
y en sushi su carnal testa verdosa,
le reza a Dios la mantis por su pena.


A las hormigas brinda el carapacho
de quien fue buen esposo y… “buena cena”.

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Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


 

10/10/2016

Al norte de mi agonía





Entre hilachos y vinagre
nuestra alcoba fue zurcida,
mientras del verde aceituno
manaba aceite de vida,
en cobijas pasionarias
fuimos cultivando espinas,
hasta ver rosales muertos
en nuestras propias heridas,
perecieron las verdades
e impusimos mil mentiras.

No tratemos de inculparnos
ni buscar otras salidas,
si el corazón no perdona,
el alma jamás olvida,
no digo que fue tu culpa,
no digas que fue la mía,
mejor me das con tu adiós
un beso de despedida,
que de caminos del alma
queda mucho todavía.

Quizá si nos encontremos
entre estaciones un día,
diré adiós tras la ventana
del tren en que partiría
yo hacia el sur de tu recuerdo,
tú al norte de mi agonía.
                                                                                                                                                         
Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
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