10/06/2016

Que triste es la despedida



DIARIO DE CUBA
      Villa Clara, Marzo 2004 

Que triste es la despedida,
si despedirme no quiero.

Me despido camaradas,
ya voy alzando mi vuelo,
Cuba, tierra ensoñadora,
de poetas y guerreros.

Patria, mi segunda patria,
en ti no soy extranjero,
sentí cobijo en tu abrazo
afable, franco y sincero.

¿Cómo hacer para olvidarte?,
¿qué han hecho los que se fueron?,
¿por qué se van de su tierra
y por qué niegan su duelo?

¿Cómo borrarte de mí?,
¿cómo olvidar los pioneros?,
¿cómo odiar al socialismo
o al heroico guerrillero?

Que triste es la despedida,
si despedirme no quiero.

Me despido de Fidel,
del Ché Guevara y Cienfuegos,
no me despido en papel,
mi dolor nunca lo niego.

Mi dolor se ve en mis ojos
mientras voy cruzando el cielo,
las lágrimas que me brotan
no las oculto en un velo.

Son lágrimas de tristeza,
no de miedo ante el flagelo,
son expresión de lamento
por no pisar más tu suelo.

Que triste es la despedida,
si despedirme no quiero.

Volver, volver algún día,
ese ha de ser mi consuelo,
ver la tierra de Martí
y a todos mis compañeros.

Doy mi vida por tu lucha,
a ella me doy por entero,
socialismo, patria o muerte,
esto lo defenderemos.

El alma de me consuela,
la pena va sucumbiendo,
no digo adiós camaradas,
solo les digo hasta luego.

Que triste es la despedida,
si despedirme no quiero.


Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados




Rosa Muerta


DIARIO DE CUBA
Villa Clara, marzo 2004


Veo en mis memorias una rosa muerta,
siento en el contorno su monocromía,
veo igual lo incierto de su lejanía,
siento el sentimiento de su muerte incierta.

Veo el rojo intenso que su tez cubría,
siento sus espinas yertas en mis huesos,
veo a la distancia sus últimos besos,
siento en su silencio que la muerte es fría.

Veo luctuoso el tallo enjuto en arena,
siento su perfume de alquitrán zaíno,
veo que no se agita el cáliz divino,
siento entre sus hojas la muerte serena.

Veo que al no regarla huyó hacia la averna
siento por su muerte que la culpa es mía,
veo en la penumbra mi vil cobardía,
siento que en mi pecho yace la galerna.




Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados



10/05/2016

Canto


DIARIO DE CUBA
FEBRERO/2004


Canto a la luna que llena,
al sol que no resplandece,
al cuerpo que me estremece,
al pecado que condena.

Canto a la bella que duerme,
al que tiene su alma en paz,
al rostro sin antifaz,
al que ríe y quiere verme.

Canto al león que está herido,
al tonto que sufre a solas,
al nido de las soisolas,
al amante que ha sufrido.

Canto al crimen que envilece,
al juez que implanta la pena,
a la rubia, a la morena,
al amor que en ellas crece.

Canto al infiel y a los santos,
a la tórtola risueña,
a tus ojos linda isleña,
al dueño de tus encantos.

Canto al dolor de la muerte,
al vientre que vi crecer,
al niño que ha de nacer,
al que abandona la suerte.

Canto al hijo que me espera,
al ciego que cruza el puente,
al impávido indecente,
al dolor y a la quimera.

Canto a la madre divina,
al guerrero gladiador,
a la fuerza del amor,
a la plaga que extermina.

Canto al tiempo fenecido,
al deleite del licor,
al abrazo de un traidor,
a todo lo que he vivido.

Canto al temor y al suspenso,
al barco que cruza el mar,
a la isla que he de olvidar,
y al amor que tanto pienso.
  


                                                                                                                           Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela

Copyright ©/Todos los derechos reservados


10/04/2016

Farolito Blanco (Pasillo Ecuatoriano)



Farolito blanco que alumbra el camino
de las callecitas que tanto adoré,
farolito blanco que lleva hasta el río
donde aquella noche de amor la encontré.

Con tu lucecita la amparé del frío,
con tu lucecita de amor la besé,
con tu lucecita su cuerpo fue mío,
con tu lucecita me dejó y se fue.

Farolito blanco que alumbra el camino
de las callecitas de mi desamor,
de mis borracheras y de mi despecho,
de mi desespero por tanto dolor.

Ya no hay farolitos caminos del río,
ya no hay luces blancas bañando la flor,
solo sombras viejas de un adiós tardío
solo viejas sombras y un magro rencor.

Farolito blanco que alumbra el camino
de las callecitas que tanto adoré,
farolito blanco que lleva hasta el río
donde aquella noche me dejó y se fue.



Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


El pasillo es un género musical y danza folclórica autóctona de Colombia y Ecuador, donde es considerado un símbolo musical de nacionalidad. A fines del siglo XIX pasó de Colombia hacia América Central, donde adquirió carácter folclórico también en Panamá y en Costa Rica; posteriormente se extendió y popularizó en Nicaragua y El Salvador. En cada una de estas naciones tiene características regionales propias. En Venezuela se le conoce como valse y en Perú el pasillo ecuatoriano goza de relativa popularidad, principalmente en el norte del país.

Básicamente existen dos tipos representativos de pasillo: el pasillo instrumental fiestero, que es el más característico de las fiestas populares, bailes de casorios y de garrote, retretas y corridas de toros y el pasillo lento vocal o instrumental, (que es el que ocupo en esta oportunidad) es característico de los cantos enamorados, desilusiones, luto y recuerdos; es el típico de las serenatas y de las reuniones sociales de cantos y en aquellos momentos de descanso y nostalgia. Fuente consultada: wikipedia

"Al Teu Memòria" (Glosando a Rubén Darío)


Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana
RUBEN DARIO
​

Yo soy quien por estirpe catalana
te escribe "al teu memòria" día tras día,
!Mi musa de la frágil porcelana!,
yo soy aquel que ayer no más decía;

que por tu dulce amor recitaría
mil prosas en la lengua castellana,
atando en redondillas de alegría
el verso azul y la canción profana.

Menguada ante el cristal de tu ventana,
cenceña, enamorada, allí moría,
rompiendo al viento frutos de bardana
en cuya noche un ruiseñor había.

En tierra burgalesa quedaría
el premio de la vil muerte temprana
y escrito un epitafio que decía
que era alondra de luz por la mañana.

He tornat a la placeta bascuñana,
passat mig segle d'aquell dia,
a reiterar el meu amor a la finestra
en què vaig jurar que sempre t'estimaria.



Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
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