4/25/2018

Si la décima espinela...



Si la décima espinela
puede honrar a lo que es mío,
honra pues a mi bohío
de bahareque y cañuela.
Honra también a la espuela
de mi gallito goajiro,
que se alegra si le miro
cuando se enfrenta en pelea
con gallos de igual ralea,
de igual pluma y mismo giro,

y al perro que anda conmigo
entre el bajío y la sierra,
rebuscando en cueva y tierra
la presa para su amigo.
Hónralo, ya te lo digo,
como has de honrar mi caballo,
el viejo habanero vayo
que sale de sus corrales
dispuesto a enfrentar los males
al primer cantío del gallo.

Has de honrar de buena gana
a la mujer que me espera
con el boniato en la estera
hecha de palma cubana.
Esa mujer es mi Juana
(al que quiera se le aclara)
la conocí en Santa Clara,
pasando Taguayabón,
en plena revolución
al mando del Ché Guevara.

De honrar a mi descendencia
no te olvides espinela,
la hembrita que me consuela
y el varón de mi impaciencia.
Termina honrando la ausencia
de aquellos que hemos querido
y que primero han partido
a otros mundos y universos,
recuérdalos en tus versos
que no caigan en tu olvido.


Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


4/23/2018

Frases de vida y muerte


l
Mi muerte será un buen momento
y una mejor oportunidad para nosotros,
pues si antes ya me olvidaste
será un buen momento para recordarme
y si aún me recuerdas
será la mejor oportunidad que tendrás
para olvidarme.

ll
Corta, tan corta la vida...
larga, tan larga la muerte.

lll
Hay heridas que no cicatrizan,
las que se dan por palabras y por traiciones,
las que destruyen el alma y las ilusiones,
las que salpican a seres inocentes e indefensos,
esas son las heridas que no cicatrizan,
que hieren los sentimientos,
que matan los corazones.

lV
Nuestra historia no ha terminado.

V
Te fuiste primero de esta fantasía que se llama vida,
pero espérame un ratito y te alcanzo,
porque sabes amor que este camino a la eternidad
¡lo hemos de transitar juntos!

Vl
Por tu vida mi vida,
por tu vida mi muerte.



Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


Madrecita (Verso libre)


Madrecita, 
sé que no puedes leer mi carta
la letra es borrosa, es confusa,
no sé, 
¿será por mis ojos nublados de lágrimas?,
¿será por la tinta que ya está seca?,
no sé.

No sé siquiera por qué te escribo
¡porque estás muerta!
y porque yo he muerto contigo.



Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


5/01/2017

Por siempre... papá




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Resultado de imagen para niños viendo al cielo

¡Cuan profundo abismo,
que mar de recuerdos!,
pienso en lo sublime
de amores eternos,
veo en el espejo
dos niños traviesos
y un espejo roto
refleja lo incierto.

Purezas del alma,
fuentes de bondad,
hijos de mi vida
ya no está papá,
ya soy el pasado
y ustedes serán
mi presente vivo
mi lado inmortal.

Díganle a su mami
que no hay que llorar,
que les brinde apoyo
de madre ejemplar,
que en mi corta vida
fue mi tierno amar,
que al pasar los años
me podrá encontrar.

Díganle a mi madre
que descanso en paz,
que la llevo en mí,
y que en mí estará
siempre, para siempre,
mi bella mamá,
y que nunca quise
hacerla llorar.

Si quieren mirarme,
si quieren charlar,
sobre sus camitas
duerman, y al soñar,
verán un puntito
que se acercará
y al hacerse grande
verán a papá.

Fuimos tan felices,
supimos amar,
todo lo que tuve
se los pude dar,
fueron buenos tiempos
de felicidad,
fue un hermoso sueño
que no volverá.

Debo despedirme,
tengo que avanzar,
a una casa grande
de espejo y cristal,
donde su abuelito
me espera a cenar,
al séptimo cielo,
a mi eterno hogar.

El amor no muere,
es eternidad.
Que Dios los bendiga,
por siempre... papá.



Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados


La musa jóven (poema de versos libres)

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En el senil recuerdo
del paso de los años ya vividos,
vi un tonto mozalbete
que amanece a la vida y despierta a los sentidos,

y vi la musa joven
dejando tras sus besos
corazones ardientes malheridos.

La brisa de la noche atrajo a mi memoria
el mágico crujir de sus gemidos,
el calor de su cuerpo ardiendo de deseos
bajo el azul sutil de sus vestidos,

y vi la musa joven
posando entre mis manos
la magia de sus pechos atrevidos.

Lecho de sedas blancas tupido de almohadones,
trono de mil amores consumidos,
tenue la oscuridad,
al resplandor de cirios encendidos,

y vi la musa joven,
al despuntar el alba
dejarme con su adiós el corazón vacío. 

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Autor: Manuel Bastidas Mora /Venezuela
Copyright ©/Todos los derechos reservados